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sábado, 25 de diciembre de 2010

Preso de la Nochebuena

  Preso de la Nochebuena, cae el cuchillo sobre su cuello que desangra un año maravilloso, mimado y engordado con sabroso pienso, corral propio en el que pavonear el moco ignorante que parece cubrir su pico.   Desplumado sin piedad, la vida cesó, para alimentar a otra especie, su destino, sus sueños por envejecer y buscar una pava, quemados en lo que fue, pellejo rostido  a fuego lento en el horno, olores deliciosos flotaban en aquella cocina de hambrientos comensales que empezaban a descorchar los vinos con los que acompañarían a los mordiscos sobre su jugosa carne, rellenos agridulces en texturas contrapuestas.
  Quedaron los huesos como testigos de lo que una vez fue un pavo, las risas sobrevolaron la sobremesa en loanzas por lo rico que había estado la comida en honor del nacimiento de aquél que, supuestamente, fue sacrificado como él por los pecados de otros hombres, yacía la no vida de aquel pavo que nunca pensó morir en un día tan bonito como ese, en estómagos varios , iniciando el proceso digestivo que acabaría en hez.
  Los dientes de los perros dieron cuenta de los restos.

sábado, 30 de octubre de 2010

- - ( NADA )...- - ( SILENCIO )

...y allí con el puño clavado en la húmeda tierra bajo la cual yacía la inexistencia, de rodillas, 
con lágrimas enrabietadas  por la injusticia de aquel dolor inhumano clavado 
en el corazón negro de la desesperanza, una piedra con tu nombre escrito enloquecía mi razón,
te fuistes para siempre a ningún lugar, los gusanos alimentarían la tierra con tu putrefacción,
solo, bastardo de mí que en horas perdidas no compartí mi tiempo con la que ya no lo tiene, mi mente
cabalga en recuerdos, luto en las neuronas que reunen el sentimiento con el pensamiento transformándolo 
en pasión, asustado por el destino mis ojos no podrán verte, 
en mi incredulidad por el vacio con el que se recrea la parca en su dulce angustia, traspasado por tormentos que no dejan que ese puño clavado en la tierra te acompañe con mi cuerpo, la nada acompaña al que deja de respirar, el que un día fue, en nada se convierte, dejando todo tras de sí, dejándome a mí, así como yo dejaré a los pocos que me quieran, que en los errores de una vida caben demasiados rencores, demasiadas dudas hacia lo que de verdad importa, (¿o acaso algo importa?),
pero ya nada me importa en tu nada, te fuistes toda, y el silencio de mis sollozos me acompaña en toda mi soledad,
envuelto en un día gris, con llovizna y brisas, mesome con la mano los mojados cabellos que cubren mi frente, una mano embarrada, un suspiro roto que se desliza por mi corazón hasta el alma ausente, unos pasos de pies que se hunden, las campanas que repican tu marcha martillean un último lamento, me voy y nunca más volveré,
en vida.