sábado, 6 de junio de 2015

Micropensamiento

Introduzco una llave en un coche desvencijado, sin cristales ni motor, simple pertenencia inconclusa de razones diversas. Una vez dentro, la posesión inane se recompensa con el sonido de un claxón impertinente de un desequilibrio mental que transcurre entre humos disidentes de una realidad alternativa.

jueves, 9 de abril de 2015

Tiempo

 

  Se hace duro que al querer retener la arena con un puño, observar como,  poco a poco,  los granos se van escapando entre los dedos. Impotentes, los ojos, sin saber o, a lo peor, sabiendo, asisten al lento transcurrir de un  tiempo que parece ya no importar mientras Gloomy sunday suena en el ipod.

viernes, 24 de junio de 2011

esa ligera brisa



esa ligera brisa medio aplaca el calor soporífero de la tarde, entra por una ventana y acaricia su torso desnudo, tumbada de costado, en la cama, se va como vino dejando una sensación confortable en su piel, tantas veces besada, en la soledad perdida de un instante, ajena a las penas de sus días intersemanales, siente pereza, se siente completa, un espejo refleja su cuerpo, delgado, braguitas diminutas, caderas de infarto, le habían comentado entre susurros jadeantes mientras exploraban con destrezas desiguales sensaciones de éxtasis, ora complacidas por aquel juguete que vibraba sobre su sexo, sonrojadas las mejillas, el placer llegaba en oleadas placenteras, ella o él en su mente, tanto daba su fantasía en aquel momento egoísta




sábado, 28 de mayo de 2011

  Perdido en la multitud de personas que andaban ajenas a sus cavilaciones personales, pensando en lo imposible de aquel sentimiento, insistente, que roía su pecho en una repetida sensación de angustia. Pensaba en ella, en la reciprocidad de miradas perdidas que decían las palabras ocultas de un secreto, el roce de su mano casual electrizaba el vello de su piel con un mortífero placer inacabado en una sonrisa que trataba de disimular el estremecimiento que había provocado, horas de compartir espacio   en el desengaño de ojos que brillaban con pasión. La paradoja de una relación sin futuro, oportunidad ni fin. El riesgo de provocar sufrimientos a quien daño no podían hacer, no se lo habían dicho nunca pero una intuición, de esas que arrancan allá donde la razón sólo llega pasado el tiempo de las frustraciones. Los contenidos labios que besábasen húmedos en la mejilla de los saludos rutinarios, alargándose  en segundos petrificados mientras se estrechaban las manos, enlazando los dedos en el único contacto físico que se permitían, era ahí donde el secreto implícito temblaba, era ahí , en el latido mutuo, cuando comprendían que no podrían quedarse solos, que siempre tendrían que verse en compañía de otros, era la única forma en la que la contención incontinente del corazón desbocado, de la imaginación ardiente, del suspiro que se dedicaban en ratos dispersos, podía contener a la naturaleza incontrolada de ríos que desbordaban los márgenes de lo racional.
  Y se desbordaron, cinco minutos bastaron en la confusa noche, en la soledad de un intervalo irreal, se encontraron, las copas de más inhibieron el autocontrol, sus rostros a un suspiro de alientos entrecortados jadearon compulsivamente en lenguas entrecruzadas. La presionó contra la columna, ocultos en la penumbra,  sintieron las almas salir de sus cuerpos violentamente, el deseo retenido desbocado en segundos eternos y únicos, se miraron a los ojos y la realidad volvió a distanciar las manos que no querían, pero no podían, volvieron a la tierra desde aquel terreno desconocido, desde ese abismo de sensaciones desatadas que arrancaban con dolor un amor desesperado y confirmado.
  Se necesitaban y la necesitaba, pero tenían que vivir con aquello que sentían y que les arrastró, aún deleitándose mientras tomaba el café del día siguiente, en el inevitable transcurso del tiempo lineal que todo lo envolvía y del que sólo los recuerdos pervivirían atravesando fronteras imaginarias.

domingo, 17 de abril de 2011

El aroma de un sueño

 Imágenes peculiares de otro mundo donde un distinto color de una realidad imprevisible provoca el sueño improbable, anhelado entre sueños futuros mientras ayer dormitaba, contando las horas que restan en la renovación de mi alma, del espíritu ateo que invade la esencia inconformista de un ser humano como otro cualquiera, suspiro  mientras los ojos se cierran tratando que lo que ya han visto no se olvide, 
¡ quiero tanto de la existencia en este paso efímero llamado vida !, necesito el rock and roll, la caricia de su mano en mi mejilla, la suave brisa del mar en un caluroso día con una cerveza helada en mi garganta...el aroma de ese sueño lejano. Imperfectos recuerdos.

lunes, 7 de marzo de 2011




Instante, el presente instante,
 sucedáneo de vida marchita, 
 tímida la esperanza 
de lo cotidiano despedazada,
sueños de antaño, convertidos
a la insulsa nadería de un bucle
 por repetidos actos rutinarios
que ahogan los suspiros
 en nuestro reloj interior,
arena del tiempo que se escurre
entre los dedos del negro 
corazón,
me queda el latido 
inconstante,
arrancado al aburrimiento
que siento al mirar,
sólo un momento, 
el televisor, apagado,
de la sala de estar.

sábado, 19 de febrero de 2011

Circunstancias adversas



 Estaba ahí, al otro lado del parque, tras los columpios repletos de niños con padres. Sacaba un perro, con correa y bozal,  peludo, cacas malolientes recogidas,  pudor mediante, con bolsas de supermercado. La envidia desde lejos azotaba su tormento.  


 Ahuyenta sus fantasmas con un cartón de vino de mesa barato y aguado. Sentado sobre diarios atrasados, su destino pudo ser aquel, pero se hundió en arrogancias diversas. Suena música de jazz, el sentimental saxofón de puro y copa en el estudio mientras leía libros profundos y densos,   ,,,,   , en su cabeza retumba la inquina que roía los intestinos llenos de los restos descompuestos de los restos de un asado con patatas y ensalada del día anterior de la basura de lo que fue su restaurante favorito y es que la vida tiene un ritmo frágil que suele romperse a veces y luego a recomponerse como si nada, pero él estaba en un parque, sucio y maloliente, con hambre y rencor en la boca del estómago, vergüenza en sus defecaciones entre los arbustos limpiadas con la aspereza irritante de hojas de periódico, insuficientes en día de diarrea. Nada se recomponía en su vida. Le traicionó y un golpe con el canto de la puerta le denunció por malos tratos, él que rogaba porque no se fuera y ella en su huida daba con la solución para no seguir con él. Comisaria, acusaciones, juicio y condena. 

 Aquél, que sacaba al perro con bozal y correa, peludo, en la entrepierna húmeda de aquella que su mujer fue, gozando su infortunio, su mediocridad como persona castigada por las circunstancias adversas, él lamentándose de las incurables heridas del corazón negro, roto en su ilusión. Cuando pasaba por su lado hacía como que no lo conocía y su único sentimiento entre su rubor y su impotencia, era la envidia por lo que tuvo y no retuvo. 

 Fue la última vez que lo vio, ese día saltó al vacío de una vía del tren rápido de las 11.55 que esparció su humanidad en violentas partes despedazadas.